Areté Hesyquia

Nombre: Ignacio A
Ubicación: Argentina

miércoles, febrero 28, 2007

Padres

Teófilo, de santa memoria, obispo de Alejandría, vino en cierta ocasión a Scitia. Los hermanos, que estaban reunidos, dijeron al abad Pambo: «Di unas palabras al obispo para que quede edificado de este lugar». Y el anciano respondió: «Si no queda edificado por mi silencio, tampoco lo hará por mis palabras».

martes, febrero 27, 2007

Padres

Unos hermanos de Scitia quisieron ver al abad Antonio. Se embarcaron en una nave y se encontraron en ella un anciano que también quería ir donde Antonio. Pero los hermanos no lo sabían. Sentados en el barco hablaban de las sentencias de los Padres, de las Escrituras y de sus trabajos manuales. El anciano guardaba silencio. Al llegar al puerto supieron que también él iba en busca del abad Antonio. Cuando se presentaron, el abad Antonio les dijo: «Buen compañero de viaje encontrasteis en este anciano». Y luego dijo al anciano: «Padre, has encontrado unos buenos hermanos». Pero el anciano le respondió: «Son buenos pero su habitación no tiene puerta. En su establo entra todo el que quiere y desata el asno». Esto lo decía porque los hermanos hablaban de todo lo que pasaba por su cabeza.

de "Contemplatio"


A los contemplativos de cualquier clase...
A los contemplativos de cualquier tradición...
A los ermitaños urbanos, cada vez más numerosos...
A los desencantados de la Cristiandad para que se reencanten...
A los que fueron hacia Oriente y ahora retornan...
A los que contemplan dentro de la Iglesia...

A los enamorados de la Belleza y de la Gracia...
A los enamorados de la Misericordia...
A los enamorados de la Adoración...
A los enamorados de la Plenitud...
A los enamorados de la Bondad...
A los enamorados del Sosiego...

A los discretos...
A los silenciosos...
A los solitarios de Dios...

A los solitarios sin Dios...
para que encuentren la Soledad Sonora...

lunes, febrero 26, 2007

de Los Cartujos


Cuadro 2º: El combate de Jacob

"Dios resiste a los soberbios
y da su gracia a los humildes" 1Pe 5,5
El desierto es un fuego purificador.
En la soledad sale a la superficie todo lo que somos.
Todas las mezquindades que hemos dejado introducirse aparecen con claridad, todo el mal que hay en nosotros queda patente. Descubrimos nuestra propia miseria, nuestra profunda debilidad, nuestra absoluta impotencia.
Aquí, no es posible disimular los artificios que empleamos para ocultar estos aspectos de nosotros mismos que nos desagradan y que, sobre todo, están tan alejados del deseo de Aquél que lo ve todo y lo penetra todo. Resulta evidente que nos justificamos con demasiada facilidad considerando nuestros defectos como rasgos de carácter.
Aquí nos volvemos vulnerables; no hay escapatoria. No hay distracción que amortigüe, ni excusa que dispense. Es imposible evitar el cara a cara con la realidad que somos nosotros, retirar los ojos de esta miseria sin remedio que nos deja totalmente desnudos.
Aquí se cuartean las falsas construcciones, todos esos muros que hemos levantado para protegernos porque ¡quién podrá decir con cuánta frecuencia buscamos engañarnos, tanto o más que a los demás! Pero la pretensión de conocer las realidades divinas desaparece ante Aquél que permanece totalmente Otro.

Es un camino abrupto, en la obscuridad, a tientas, guiado únicamente por la fe, pero es un camino de verdad. Todas nuestras seguridades personales quedarán enganchadas en las zarzas del sendero y nos dejarán con esta única certeza: Que por nosotros mismos no podemos nada.
Es ahí donde Dios nos espera, porque no se puede llenar más que un recipiente vacío y si Él nos quiere llenar de Sí mismo debe primero despojarnos de todo lo que nos estorba. Para realizar un trabajo infinitamente delicado, el Artista divino tiene necesidad de un material sin resistencia. Entonces su mano sabrá suscitar de nuestra miseria verdaderas maravillas que permanecerán ocultas a nuestros ojos. Toda nuestra alegría consistirá en dejarnos transformar por Aquél que lleva por nombre: Amor.

lunes, febrero 12, 2007

«cuando el cielo se vacía de Dios, la tierra se llena de ídolos»

jueves, febrero 01, 2007

Foucauld

Ser apóstol ¿por medio de qué? Con aquellos que Dios pone a su disposición: los sacerdotes tienen sus superiores que les dicen lo que deben hacer. Los laicos deben ser apóstoles con aquellos a quienes pueden atender: sus prójimos y sus amigos, pero no sólo con ellos; la caridad no es estrecha, sino que abraza todo lo que abraza el corazón de Jesús.

¿Por medio de qué? Por los medios mejores, dándose a aquellos a los que se dirigen: con todos aquellos, sin excepción, con quienes están en relación a través de la bondad, la ternura, el afecto fraterno, el ejemplo de la virtud, por la humildad y la dulzura que siempre son atractivas y muy cristianas. Con algunos sin decirles jamás una palabra de Dios ni de religión, teniendo paciencia como Dios es paciente, siendo buenos como Dios es bueno, siendo un hermano tierno y orante. Con otros hablando de Dios en la medida en que ellos puedan soportar; desde que está en su pensamiento la búsqueda de la verdad por el estudio de la religión, procurando se relacionen con un sacerdote muy bien escogido y capaz de hacerles bien. Sobre todo ver en toda persona humana a un hermano.

Beato Carlos de Foucauld (1858-1916), ermitaño y misionero en el Sahara